
A Dioses
La tristeza humea en un cigarro,
el olvido resuena en botellas vacías,
sentado con Magdalena en el bar,
sintiendo el llamado de Ángeles
que en una nube llegan a los ojos lavados de invierno.
Revelado lo velado en el cristal,
me largo a caminar por la calle con soledad de compañera
y le pregunto cuantas veces vio a Troilo pasear por esta acera.
En estas Calles, templo de hombres,
la noche es una cruzada de sueños,
es como un dios o un adiós,
es perfume, es dolor,
amor y misterio.
Siento a Sabina derruido de adioses
escapando por un muelle,
mientras derivo al gris de la poesía,
empapado de bruma y luna.
Vuelo lejos, miles de lunas atrás,
a lo árido del tiempo,
cuando el carpintero
iba puliendo el camino con sus voz,
derrumbando los altares con su versos,
sin saber que su cruz,
será la de los herejes de este tiempo.
La noche se extingue una vez más detrás del río,
y quizás mañana habrá para los hombres maíz y vino,
ambrosía y néctar para los libros.
En estas calles, templo de hombres,
la noche es una cruzada de sueños,
es como una mujer o un adiós,
es perfume, es dolor,
amor y misterio.